Durante su visita a Lisboa, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva reafirmó el compromiso de su país con las relaciones comerciales equitativas a nivel mundial. En declaraciones tras reunirse con el primer ministro portugués Luís Montenegro, el mandatario destacó que Brasil mantiene vínculos comerciales con potencias como China, Estados Unidos, Rusia y Francia sin establecer preferencias entre ellas. El líder brasileño enfatizó la importancia del multilateralismo y la paz como pilares fundamentales para negociaciones internacionales. Lula criticó implícitamente el cambio de postura de las grandes potencias respecto al comercio global. Recordó que durante los años 1980 se promovía el libre comercio y la globalización como modelos ideales, mientras Brasil se mostraba escéptico debido a su baja competitividad en ese momento. Sin embargo, señaló que cuando la nación sudamericana logró mejorar su competitividad, los antiguos defensores del libre comercio adoptaron políticas proteccionistas. El presidente también expresó la apertura de Brasil hacia la inversión extranjera y la colaboración internacional, invitando a empresarios y gobiernos que compartan valores de democracia y paz a participar en el desarrollo del país. La gira europea del mandatario de 80 años incluyó paradas previas en España y Alemania. En las afueras del palacio presidencial de Lisboa, André Ventura, líder de extrema derecha portuguesa, encabezó una pequeña protesta contra la visita, acusando a Lula de corrupción. Simultáneamente, la sección portuguesa del Partido de los Trabajadores organizó una contramanifestación de apoyo al presidente brasileño.
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