La tensión entre Japón y Rusia se intensificó tras la ejecución de ejercicios militares que incluyeron lanzamientos de proyectiles en zonas adyacentes a las islas Kuriles, archipiélago que ambas naciones reclaman como propio. El gobierno japonés expresó su descontento oficial mediante una protesta formal presentada ante las autoridades rusas. La Flota del Pacífico rusa confirmó que sus fuerzas realizaron ataques simulados contra objetivos ubicados frente a las costas de las Kuriles del Sur, alcanzando blancos que representaban embarcaciones enemigas a distancias superiores a trescientos kilómetros. Estos ejercicios ocurren semanas después de que el presidente ruso Vladimir Putin visitara personalmente las islas disputadas, un acto que generó profunda indignación en Tokio. La primera ministra Sanae Takaichi reafirmó que estos territorios constituyen parte inalienable del territorio nipón. El conflicto de soberanía sobre estas cuatro islas data de 1945, cuando fuerzas soviéticas las ocuparon durante las fases finales de la Segunda Guerra Mundial. La situación se ha vuelto más delicada desde el inicio del conflicto ucraniano, momento en que la relación bilateral se deterioró significativamente. Ambas naciones convocaron a sus embajadores para abordar el asunto. Especialistas en política internacional sugieren que la presencia de Putin en las Kuriles funcionó como advertencia para que Japón limite su asistencia a Ucrania, incluyendo el posible envío de sistemas de defensa aérea Patriot, además de desalentar una aproximación más profunda hacia la OTAN.
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