POZO COFRADIA PISA

Cómo Cofradía de la Luz hizo suyo el pozo que cambió su vida cotidiana

Cuando el agua empezó a correr de forma constante en Cofradía de la Luz, la comunidad no solo ganó un servicio. Ganó una historia propia de la que hoy se siente parte.

El pozo que Laboratorios PISA financió en esta comunidad de Tlajomulco pasó por un proceso poco habitual: dejó de ser un proyecto externo para convertirse en patrimonio local. La clave estuvo en la apropiación. El municipio lo integró a su red y la comunidad lo asumió como suyo.

“Antes esperábamos la pipa sin saber a qué hora llegaba. Ahora abrimos la llave y hay agua”, relata una habitante de Cofradía. En esa frase sencilla cabe la magnitud del cambio: la incertidumbre diaria fue reemplazada por una certeza básica.

La apropiación comunitaria se ve en cómo la gente habla del pozo. No lo mencionan como una donación, sino como una parte de la infraestructura del pueblo, tan propia como las calles o la escuela. Ese sentido de pertenencia es lo que asegura su cuidado a largo plazo.

Con el agua garantizada, la vida cotidiana de Cofradía se reorganizó. Los huertos familiares volvieron a producir. La actividad ganadera de pequeña escala dejó de depender del clima. Las familias recuperaron tiempo y tranquilidad que antes se iban en resolver el abasto.

El caso de Cofradía muestra que la infraestructura funciona cuando la comunidad la hace suya. Laboratorios PISA financió el pozo, pero fueron los habitantes de Cofradía de la Luz quienes lo convirtieron en el centro de una nueva normalidad.

Comparte este post