Millones de mexicanos se preparan cada año para conmemorar a las madres el 10 de mayo, una fecha que ha trascendido generaciones con flores, eventos escolares y cenas familiares. Sin embargo, esta celebración guarda profundas raíces históricas y culturales que se entrelazan con movimientos sociales y cambios en la posición de la mujer mexicana. Cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía revelan que en México existen 54.9 millones de mujeres mayores de 15 años, de las cuales el 71.5 por ciento ha experimentado la maternidad al menos una vez. Esta realidad refleja tanto la importancia social de la maternidad como los obstáculos persistentes que enfrentan las madres mexicanas: trabajos agotadores, brechas salariales y responsabilidades domésticas desproporcionadas. El origen de la celebración se remonta a 1922, cuando Rafael Alducin, director del periódico Excélsior, impulsó crear una efeméride nacional dedicada a honrar a las madres. El secretario de Educación Pública José Vasconcelos respaldó esta iniciativa, permitiendo su rápida difusión nacional. La selección del mes de mayo obedece a la devoción católica por la Virgen María, mientras que el día 10 fue elegido porque en ese entonces los trabajadores recibían sus salarios en intervalos decenales. Aunque existe una narrativa alternativa que ubica celebraciones tempranas en Oaxaca en 1913, cuando una esposa de sacerdote metodista difundió la tradición después de leerla en publicaciones extranjeras. México se convirtió en pionero latinoamericano al adoptar formalmente esta conmemoración, consolidando su importancia cultural con la instalación de una escultura dedicada a las madres en la capital en 1949. Las raíces del culto a la maternidad, no obstante, se remontan a civilizaciones ancestrales. Las culturas mesoamericanas reverenciaban la fertilidad y la fecundidad, legado que se fusionó posteriormente con el catolicismo y la devoción a la Virgen de Guadalupe. Ancestrales civilizaciones como la egipcia adoraban a Osiris, los griegos honraban a Rea y los romanos veneraban a Cibeles en su rol de diosa madre. La versión moderna también recibió influencia estadounidense. En 1908, Anna Jarvis promovió en Estados Unidos una conmemoración similar como símbolo de paz tras los conflictos bélicos que azotaron la nación.
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